La CIA empleó gatos como espías en un proyecto secreto


Asegura la “leyenda” que el gato de Julian Assange llevaba corbatas porque allí escondía algún dispositivo de escucha que permitía espiar la embajada de Ecuador lugar donde el fundador de WikiLeaks permaneció durante 2487 días para librarse de la persecución judicial. Durante todo ese tiempo, el minino se movió a placer por todas las estancias. ¡Por todas! ‘El gato de la embajada’ -como era conocido- fue adoptado por Assange en mayo de 2016, a saber cuántos secretos habrán escuchado sus orejas felinas, ¿verdad? Pues que sepas que, de ser cierto, no ha sido el primer gatito adiestrado para espiar. Me explicaré. A mediados de los años setenta, la CIA puso en marcha un pequeño proyecto cuyo nombre clave fue Acoustic Kitten (Gatos Acústicos). Financiado con 20 millones de dólares, aspiraba a infiltrar gatos en las embajadas soviéticas para espiar las conversaciones de sus altos diplomáticos. Los gatos, claro está, portaban micrófonos y transmisores ocultos que proporcionarían la información confidencial a los espías humanos. Según el libro Spycraft, de Robert Wallace y H. Keith Melton, la idea de emplear gatos como espías, surgió tras conocerse que, durante las reuniones de un jefe de estado asiático con su equipo, había en la sala multitud de gatos campando a sus anchas sin que nadie les prestara atención. ¿Y si se implantaran micrófonos a esos gatos? Así nacía el Acoustic Kitten. “En un procedimiento de una hora, un cirujano veterinario transformó al felino peludo en un espía de élite, implantando un micrófono en su canal auditivo y un pequeño transmisor de radio en la base de su cráneo, y tejiendo una delgada antena de alambre camuflada en su cola de cabello gris” –explica Emily Anthes en un libro titulado Frankenstein’s Cat. Pero el proyecto secreto tenía dos problemas importantes que vencer: el primero es que la piel de los gatos no es especialmente buen conductor y tuvieron que coser la “antena” al pelo del gato. El segundo, más importante, era entrenar al “gato 007” para que se introdujera en la reunión. El destino, sin embargo, tenía otros planes. Resultó que, cuando la furgoneta de la CIA liberó al gato en las proximidades de la embajada de la URSS en Washington DC, un taxi lo atropelló. El minino 007 y su tecnología no pudieron ni cruzar la calle. Nadie sabe en qué quedó el Acoustic Kitty, lo que es seguro es que fue el primero de una larga lista de creaciones cyborg con fines militares.

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