Una médium ofrece pruebas del Más Allá


Hace tiempo que mantengo una estrecha amistad con una sorprendente médium a la que convencí para que concediera una entrevista al popular programa radiofónico Espacio en Blanco (Radio Nacional de España), de cuyo equipo formo parte desde hace cuatro temporadas. Sólo nos puso dos condiciones: que nos dirigiéramos a ella únicamente por su nombre, María, y que no ofreciéramos ningún dato que sirviera para desvelar su identidad. A cambio, nos ofrecería pruebas de la existencia del Más Allá. Recientemente tuve la oportunidad de entrevistar a una enfermera a quien la médium había prestado ayuda en varias ocasiones. Ana, así se llama mi informadora, me contó lo siguiente: «María primero me dijo que estaba viendo a un hombre elegantemente ataviado con un traje gris y con la raya del pantalón perfecta. Así vestía mi padre, pero yo no solté ni palabra. Entonces empezó a transmitirme lo que le estaba contando esa persona que quería comunicarse conmigo. Decía que, cuando era niña, todos los días lo esperaba para ir a dar una vuelta en el coche azul, y que siempre me colocaba algo en la cabeza imitando a un casco. Efectivamente, cada tarde, cuando mi padre venía del trabajo, me sacaba a pasear en un cochecito azul a pedales. Y también es cierto que me ponía alguna cosa en la cabeza como si fuera un casco, normalmente un gorro o algo similar. Luego María me habló de algo que le estaba contando ese hombre. Era sobre un vestido blanco con margaritas bordadas que me había hecho mi madre. No me lo podía creer. Incluso tengo fotos por casa en las que aparezco con ese vestido». Pruebas del otro lado Los escépticos podrán argumentar que en realidad la médium no estaba en contacto con el padre fallecido de su amiga, sino leyendo la mente de ésta, una capacidad también sorprendente pero que no implica la existencia de un Más Allá. Sin embargo, más difícil es de explicar con dicho argumento lo sucedido a continuación durante la sesión mediúmnica, puesto que también hizo acto de presencia un espíritu que se identificó como la madre de la consultante, quien comunicó a María que transmitiera a su hija un mensaje muy claro: que tenía que preparar la tarta de queso que ella les hacía a sus nietas todos los fines de semana. Esos datos tan concretos solo podían venir de mis padres fallecidos «Era cierto, a mis niñas les encantaba la tarta de queso de su abuela, pero yo no sabía cómo hacerla –me explicaba Ana–. Entonces mi madre dijo, por mediación de María, que tenía en mi casa un libro de cocina que ella utilizaba. Que mirara entre sus páginas, pues encontraría un papel escrito de su puño y letra con la receta para preparar el pastel de queso. Yo no había vuelto a abrir ese libro desde el fallecimiento de mi madre. Cuando llegué a casa, busqué entre sus páginas y sorpresa: apareció el papel con la receta. Dime, ¿cómo te explicas todo esto? Yo soy una persona bastante analítica, pero tantos datos tan concretos sólo pueden venir de las propias personas que los conocían: mis padres ya fallecidos».

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