Cómo hacer un viaje astral


Oliver Fox descubrió que se proyectaba astralmente durante el sueño, durante experiencias de lucidez o toma de conciencia a las que llamó «sueños de conocimiento». De ahí pasó a vivencias desde la vigilia, y el siguiente paso fue la sistematización de un protocolo que dio en llamar «puerta pineal». Los pasos para quienes quieran probar esa modalidad son los siguientes: – La experiencia debe intentarse después de comer de forma abundante o justo al despertarse, un día en el que nos sintamos especialmente perezosos y con pocas o ninguna gana de levantarnos. – Estaremos boca arriba o de lado, lo que nos resulte más cómodo. – Debemos visualizar, a nivel del entrecejo o bien en la coronilla, donde habitualmente se colocan el sexto y séptimo chacra, una escotilla o puerta capaz de internarse en nuestro cerebro. Podemos imaginarla de la forma que queramos, pero siempre con la sensación o certeza de que se trata de una puerta. – Respiraremos de forma profunda y rítmica, siempre con los ojos cerrados, pero procurando girarlos un poco hacia atrás, como si mirásemos a algo que está colocado ligeramente por encima y hacia nuestra espalda. – Fox espera que en ese momento aparezca una sensación de entumecimiento corporal que irá en aumento y que se irá convirtiendo en una parálisis, comenzando por los pies y extendiéndose al resto del cuerpo. – El siguiente paso, si hemos sido disciplinados y la técnica sigue su proceso natural, será el de poder ver o percibir a través de nuestros párpados cerrados, captando una luz tenue de un suave dorado. Podemos ver destellos, fogonazos, puntitos luminosos, siluetas, etc., y percatarnos de ruidos diversos, algunos de los cuales pueden llegar a ser atronadores. Este punto parece estar directamente relacionado con las sensaciones de aceleración y la percepción de zumbidos. El regreso será inmediato y brusco si algo interrumpe nuestra experiencia – Para entonces debemos estar notando la existencia de los dos cuerpos, el físico y el astral. Aquí es donde Fox recomienda emplear toda nuestra fuerza de voluntad para obligar a nuestro doble a pasar «por la escotilla cerebral», la que hemos imaginado en nuestra cabeza. «Le parecerá que su yo incorpóreo, que coincidía con su prisión física, ahora sube velozmente por su cuerpo y se condensa en ese punto pineal dentro de su cerebro, mientras la pálida luz dorada se intensifica, hasta convertirse en un glorioso resplandor, y un auténtico infierno de sonidos extraños penetra en sus oídos». – En este instante oiremos el clic o un sonido similar, y la serenidad se instalará. La luz será tenue y los sonidos extraños habrán desaparecido. Para Fox, ya estamos desdoblados, aunque pensemos que no es así. Nos invita en este momento a levantarnos y alejarnos paulatinamente, para comprobar cómo hasta cierta distancia tenemos capacidad para experimentar la «conciencia dual» y percibir sensaciones del cuerpo físico y todas las del doble astral. – A partir de ahora depende de nosotros: recorrer la casa, los exteriores, visitar a un conocido en su casa o lugar de trabajo… Hacerlo caminando, volando, levitando… Intentar coger algún objeto, atravesar la pared o la puerta… «Resumiendo, puede comportarse como un hombre corriente, si así lo desea, o como un superhombre en la medida en la que las corrientes astrales se lo permitan», asevera Fox. – El regreso será inmediato y brusco si algo interrumpe nuestra experiencia, o bien pausado y controlado si decidimos que ha llegado el momento de terminar. Este autor nos invita a entrar tranquilamente en la habitación y recostarnos en la cama sobre nuestro cuerpo físico, fundiéndonos con él paulatinamente. Al despertar y recobrar las sensaciones corporales, hay que desconfiar de nuestra memoria y anotar lo vivido, dado que desde su experiencia los recuerdos son «peculiarmente evanescentes».

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