Un increíble caso de apariciones de resucitados

Desde mi punto de vista, el contacto entre nuestro mundo y el de los espíritus no es nada extraño, sino bastante más usual de lo que parece. Además, se trata de experiencias protagonizadas también por individuos ateos o agnósticos. Así le ocurrió a Joseph Waldron, catedrático de Psicología en la Universidad Estatal de Youngstown (Ohio, EE. UU.) y escéptico por naturaleza con todo lo que sonara a contactos con el Más Allá. El científico ha hecho importantes contribuciones a la medicina de la rehabilitación y a diferentes campos de la psicología, de modo que es un hombre con una mente analítica, racional y eminentemente materialista. Un escéptico se cae del guindo En 1992 le diagnosticaron un cáncer incurable a su mujer Rene, que acabó falleciendo ocho meses después. El también psicólogo Charles Tart relata el caso de Joseph Waldron en su libro El fin del materialismo (Kairós, 2013), obra cuya lectura recomiendo desde estas líneas.Tart se hace eco de las declaraciones de su colega de la siguiente manera: «Por más agnósticos que fuéramos (tanto Waldron como su esposa), sin embargo, dos días antes de su fallecimiento le dije, mientras todavía estaba consciente, que si había alguna continuidad después de la vida, me gustaría que me lo comunicase (…) Rene, con su habitual humor, me respondió levantando una ceja y mirándome del modo en que solía hacerlo cuando dudaba de si su interlocutor estaba hablando en serio. Y no volvimos a mencionar más el asunto». Nos fundimos en un abrazo y luego estuvimos charlando Una noche, dos semanas después de la desaparición física de su compañera, el doctor Waldron se encontraba recostado en el sofá del salón, cuando llamaron al timbre. Se levantó y, al abrir la puerta, se topó con Rene, «vestida con una larga capa de terciopelo que le había regalado hacía años». El catedrático de Psicología reaccionó preguntando: «¿Qué estás haciendo aquí, en la puerta principal?», a lo que Rene contestó lo siguiente con una sonrisa de amor y bondad: «Sabes muy bien por qué. Yo ya no vivo aquí». Inmediatamente se giró y se alejó caminando. A pesar de la experiencia, el doctor Waldron intentó convencerse de que todo había sido una alucinación. Sin embargo, diez días después, también de noche, la mujer volvió a presentarse ante el científico. Esta vez se fundieron en un abrazo y mantuvieron un diálogo, aunque el hombre no puede recordar exactamente de qué charlaron. Como suele suceder en estos casos, la «aparecida» no se quedó mucho más tiempo y acabó esfumándose ante sus narices.

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