El vampiro del cementerio de Highgate


Highgate es considerado uno de los «siete magníficos» de Londres, los siete grandes cementerios que fueron construidos a mediados del siglo XIX, a la vista de que la población rural se iba desplazando cada vez más a la gran ciudad, atraídos por las ofertas de trabajo y buenas perspectivas de futuro que parecía ofertar la Revolución Industrial. Por eso nacieron estos cementerios; porque la demanda era cada vez más grande. Pero el tiempo pasó y fueron abandonados; las empresas privadas que los mantenían dejaron de ingresar dinero y al cabo de unas décadas se vieron obligados a clausurarlos. Y fue entonces cuando la vegetación se empezó a apoderar del lugar y las cruces, ante el avance de las raíces de las plantas, se empezaron a doblar; el musgo se hizo con la piedra gris, creando una arquitectura diferente, bella, aterradora… Y Highgate quedó definitivamente abandonado… Es habitual encontrar en Highgate monumentos funerarios con clara influencia egipcia, un guiño a la época colonial en la que el país del Nilo se convertía en el destino exótico preferido por las clases pudientes No lo voy a negar: hoy en día es una de las grandes atracciones de la capital británica, porque quienes nos hemos criado leyendo Drácula, Frankenstein, El retrato de Dorian Gray o Dr, Jekyll & Mr. Hide, al atravesar sus avenidas, rodeados de una deliciosa decadencia, rápidamente nos transportamos a otra época y visualizamos lo que aquí ocurrió, una vez que a mediados del siglo XX, como decía líneas atrás, fue clausurado. Asegura la historiadora Alice Marshall que «la fama del cementerio saltó a los medios sobre todo cuando en el mes de diciembre de 1969 varios testigos aseguraron haber visto, muy cerca de la tumba de Karl Marx, una sombra muy alta que parecía perseguir a los paseantes». La noticia se extendió como la pólvora y rápidamente los curiosos se amontonaron a las puertas del cementerio. Las últimas noticias aseguraban que dos muchachas llamadas Elizabeth y Luisa, tras observar durante un paseo por Highgate que varias tumbas habían sido abiertas –entonces también se hablaba de rituales satánicos en el lugar–, decidieron salir corriendo del lugar. Y fue entonces cuando, durante la madrugada, empezaron a soñar con la presencia de un extraño personaje que llegaba hasta los pies de la cama y apoyaba sus colmillos en el cuello de las mujeres. La extraña anemia que empezaron a padecer, así como las pequeñas punciones que surgieron en sendos cuellos, hicieron pensar a las chicas que estaban siendo atacadas por la sombra del cementerio, y no sólo eso: además, dicha sombra era un vampiro. Y fue entonces cuando decidieron acudir a un experto en la materia, un hombre algo trastornado que se presentaba a sí mismo como «cazavampiros», llamado David Farrant. Éste les aconsejó que hicieran uso de ajo y de collares de plata con crucifijos, y lo cierto es que los «ataques» nocturnos cesaron… Obviamente a esas alturas eran ya demasiado los que hablaban del vampiro y Farrant, intentando hacer su trabajo lo mejor posible, se dedicaba un día sí y otro también a recorrer las 15 hectáreas del cementerio para darle caza… Incluso redactó una nota que fue publicada en el Hampstead and Highgate Press, donde pedía la colaboración ciudadana para encontrarlo, o para que aportasen nuevos testimonios. Así fue hasta que profanó la tumba de Karl Marx pensando que el demonio nocturno estaba dentro y las autoridades decidieron intervenir, prohibiendo la entrada al recinto. En 1987 se logró que fuera admitido en el Registro del Patrimonio Inglés de Parques y Jardines, «y desde entonces –asegura Alice– no han parado de producirse extrañas apariciones. Los testigos hablan de un hombre alto, que se mueve con bastante agilidad y que tiene los ojos iluminados, como encendidos en color rojo. Además siempre viste de negro y generalmente huye de la persona que lo está observando». Así que la tranquilidad de un cementerio, en este caso se puede ver rota por la aparición de su más singular habitante: el vampiro del cementerio de Highgate.

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