Neuralink: el futuro de la relación mente-máquina



Parece que al célebre emprendedor Elon Musk le ha sabido a poco la fundación de emporios tecnológicos tales como PayPal, Tesla o SpaceX. Ahora pretende revolucionar nuestras funciones cognitivas superiores combinándolas con la más avanzada Inteligencia Artificial. Se trata del nuevo proyecto en el que este visionario estadounidense lleva unos cuantos años embarcado y que recientemente ha presentado en público: Neuralink. Desde los albores de la humanidad, nuestra especie ha interactuado con el mundo a través, fundamentalmente, de sus extremidades. De hecho, el manejo de herramientas suele ser considerado un paso crucial en el nacimiento de la cultura y el desarrollo de la civilización. Más recientemente, el ser humano ha conseguido manipular máquinas a través de la voz y el lenguaje, por ejemplo, dando indicaciones orales para que determinados dispositivos electrónicos las cumplan. Sin embargo, lo que promete Neuralink, y está en vías de lograr, es que sean nuestros pensamientos más íntimos los que operen sobre las cosas. Bastará tener la idea de que algo suceda para que directamente ocurra. Esta interacción mente-máquina augura un paso de gigante en nuestro modo de estar en el planeta y anticipa un horizonte de posibilidades infinitas. De momento, Elon Musk y su equipo de expertos neurocientíficos e ingenieros informáticos se han marcado unos objetivos modestos. A corto plazo, creen que Neuralink puede resultar muy útil para aquellas personas tetrapléjicas o con sus extremidades amputadas que, por dicho motivo, tengan serias dificultades para interactuar con el entorno. El visionario norteamericano les ofrece una alternativa viable conforme a la cual determinados dispositivos tecnológicos domésticos obedecerán órdenes simplemente pensando las instrucciones correspondientes. A mucho más largo plazo, la comunicación mente-máquina aspira alcanzar el rango de una provechosa simbiosis donde la inteligencia artificial potencie las capacidades de nuestro cerebro y se mezcle con las funciones neurocognitivas propias. Alumbrará así un Cerebro 2.0 donde lo biológico se verá complementado por lo cibernético. Una malla de chip entrelazada a nuestro cerebro Pero hacer real Neuralink supone pagar un precio que quizás no toda la gente esté dispuesta sufragar. Un precio no de índole económica, sino quirúrgica. Y es que resultará necesario insertar una serie de electrodos en nuestro córtex cerebral para captar la actividad neuronal y transformar nuestros pensamientos en impulsos informáticos. Dichos electrodos están incorporados, a su vez, en diminutos hilos de alta tecnología y más finos que el cuarto de diámetro de un pelo humano. Algunas publicaciones académicas iniciales del proyecto estiman que hasta 3.072 electrodos podrían distribuirse en unos 96 hilos, los cuales conformarían una malla a insertar en el tejido cerebral, especialmente, sobre los centros donde haya que efectuar lecturas bioeléctricas que transmitir a los dispositivos electrónicos externos. De todos modos, la malla de hilos integrada en el cerebro no resultará suficiente por sí misma. Requerirá de una conexión al exterior cableada mediante un USB-C que enlace a un diminuto procesador ubicado detrás del pabellón auditivo y alimentado con una batería. Por último, este procesador enviará datos a una aplicación de,nuestro teléfono móvil a través de bluetooth. Los desarrolladores de Neuralink confían en que paulatinamente esta arquitectura externa tan aparatosa se vaya reduciendo y pasando lo más desapercibida posible. Robot de «costura cerebral» Obviamente, instalar esa malla de procesadores en el cerebro requiere de una intervención quirúrgica, si bien los promotores de Neuralink aseguran que apenas+ tendrá riesgo y, con el tiempo, resultará tan poco molesta como las actuales operaciones láser de la vista. Por el momento, lo que Musk presentó fue el robot quirúrgico encargado de realizar la intervención, capaz de insertar seis hilos de chips por minuto con tanta precisión que no daña los vasos sanguíneos. Hoy día, esta técnica precisa de anestesia general, la perforación de orificios en el cráneo y la pericia de un neurocirujano. Por otro lado, todavía no se han hecho pruebas con seres humanos. Ni siquiera con primates u otros mamíferos superiores. Los ensayos documentados de Neuralink, hasta la fecha han tenido lugar en ratones con una tasa de éxito del 87%, y está previsto que comiencen los implantes experimentales en humanos el próximo año si son aprobados por la autoridad competente de EE. UU.

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