Plantas que resucitan


Desde Nosferatu hasta Edward Cullen, la leyenda en torno a los vampiros se ha basado en que estas criaturas antropomorfas no necesitan comer ni beber para sobrevivir. Al menos no como las personas. Su sustento se basa en la ingesta de sangre humana. Pero además, existe un aspecto notable: su inmortalidad. Pueden permanecer grandes periodos de tiempo en «reposo» para después sobrevivir si es necesario. Nuestro público más joven podrá reconocer el referente de Crónicas Vampíricas, (The CW, 2009) un universo en donde la muerte real de los vampiros solo se daba si se les clavaba una daga hecha de la madera del árbol milenario que había creado su especie. En esta serie, además, había escenas concretas de eutanasia decidida de los vampiros, donde se metían en una tumba hasta que alguien decidiera volver a alimentarlos con sangre para resucitarlos. Algo parecido les sucede a estas plantas, que «pueden rápidamente recuperar la fotosíntesis tras la rehidratación y al mismo tiempo son susceptibles de reactivar la formación de oxígeno», según un artículo de científicos especializados. La familia de plantas que mayor índice de recuperación tiene pertenece al género Ramonda y se pueden encontrar en zonas tropicales y subtropicales, en concreto en el sur de Europa (Grecia, Macedonia). En la península ibérica contamos con una de estas plantas, que se ha denominado «oreja de oso» (Ramonda myconi). Para Farrant, que lleva más de 17 años estudiando las plantas «inmortales» de Sudáfrica, uno de los objetivos que se derivan de esta investigación se halla en aliviar el problema del hambre en el mundo o, al menos, que la alimentación sea sostenible y accesible para todo el mundo. Esto, teniendo en cuenta que uno de los mayores problemas al que nos enfrentamos en el medio plazo, además del cambio climático, es la sobrepoblación. Experimentos de personas que han «sobrevivido» sin sustento Dentro del mundo de la meditación hindú, existen diversos testimonios de yoguis o budistas que han permanecido grandes periodos de tiempo con muy poca ingesta de bebida. Recordemos que una persona normalmente no puede vivir más de tres o cuatro días sin beber y sin comer su límite está aproximadamente en 30 días. La concentración mental de estos eruditos alcanza tal magnitud que dejan de precisar una necesidad tan «mundana» como la alimentación. Así, destacó en 1990 el caso de Hira Ratan Manek, un ingeniero hindú jubilado que empezó a «vivir de mirar al Sol» y que solo ocasionalmente bebe té, café y suero. Las plantas que resucitan son prueba fehaciente de que la naturaleza presenta la capacidad de autoregeneración más allá de la vida, una capacidad que podríamos conseguir incluso los seres humanos, aunque probablemente y por desgracia no seamos capaces de atestiguarlo.

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