La catástrofe del Cobalto 60 – ¿Chernobyl mexicano?

El tema de la radiación es muy complejo y muy inquietante, el ejemplo más real y próximo ha sido Chernobyl. Una inmensa radiación que desde 1986 aún sigue dejando estragos y consecuencias. En esta ocasión, tenemos un caso que lo han escondido para evitar el gran impacto social; este caso tiene lugar en México en Ciudad Juarez, Chihuahua en 1983. Es por eso que este caso es conocido como “Chernobyl mexicano o la catástrofe del Cobalto 60”. Conoce este caso.

Chernobyl mexicano – La catástrofe del Cobalto 60

Este caso sucedió alrededor de dos años antes que los sucesos de Chernobyl. La desgracia tuvo sus inicios el 6 de diciembre en 1983, en el interior de una inmensa bodega del Hospital privado del Centro Médico de Especialidades de Ciudad Juárez.

El Sr. Vicente Sotelo Alardin, quien trabajaba en mantenimiento del hospital se encontraba con su amigo Ricardo Hernández. A los dos se les asigno la tarea de recoger una vieja máquina que se encontraba en el almacén y transportarla hasta una camioneta.

Corrupción e ignorancia como atenuantes del accidente nuclear

Vicente vio en aquel hierro viejo la oportunidad de ganarse algo de dinero extra vendiendo aquella chatarra, ya que al parecer pesaba más de 100 kg. 

La asignación no fue tan fácil, pues para transportas esa vieja máquina tan pesada había que desarmarla por completo, y así lo hicieron. Incluyendo un extraño cilindro que casi ocultado en las partes internas de la máquina para estas dos personas, era más bien un estorbo. Lo tomo con sus manos y ya que la curiosidad de saber cual pudo haber sido su utilidad, cometió un error del cual posteriormente se arrepentiría: el cilindro fue perforarlo.

Sin ninguna protección y como un trabajo normal, comenzaron a subir la máquina a la camioneta y aquel cilindro también. Un mes después, el 6 de enero de 1984, cuando un conductor de aceros de México transportaba cabillas de hierro, pasó muy cerca de los rastreadores del laboratorio de los Alamos un lugar repleto de dosímetros midiendo a toda hora la radioactividad en la zona. En aquel, instante se disparó una alarma al medir un foco de radiación nunca antes visto en el lugar.

Alarma radiactiva en Nuevo México – Búsqueda del Cobalto 60

Al principio, los científicos creyeron que aquella radiación provenía desde el interior del laboratorio, pero al estudiar los alrededores un sensor logra detectar que aquella radiación provenía de la camioneta de aceros. Rápidamente la planta de los Alamos dio un aviso a lo que se convertiría el llamado más alármate en la historia de México.

La advertencia de esta planta hacia México era bastante clara, en algún lugar del país se estaba irradiando el isótopo Cobalto 60. El principal sospechoso fue Aceros de Chihuahua, enormes cantidades de cobalto 60 se encontraban irradiándose desde este lugar. Prácticamente todo el terreno estaba contaminado.

En aquel momento, el mayor problema era buscar la fuente, como bien se sabe  que el acero no se contamina de manera inmediata, y a través de investigaciones con cada una de las personas que en esa planta trabajaban se dio a conocer que todo el material allí recabado provenían directamente de un depósito de chatarra en Cuidad Juarez llamado el Yonke Fenix.

Al hacer las inspecciones debidas a este lugar, se encontraron con focos de radiación aún más elevados de inmediato evacuaron del lugar a todo el personal, y se construyó un blindaje alrededor de esta construcción. 

Después de unos días de investigación se llegó a la conclusión que en este lugar no era donde en realidad provenía la radiación y que Aceros Chihuahua, no fue la única empresa en recibir acero contaminado. Otra empresa, Falcón de Juárez, esta empresa procesaba acero en vigas para la construcción.

En aquellos días se podían ver en el cielo helicópteros sobre volando toda la zona de Ciudad de Juárez en búsqueda de radioactividad, y también se hicieron rastreos a pie hasta que se encontró el problema.

El horror – Ciudadanos expuestos a vigas radiactivas

En un domicilio en la Calle Aldama nº 1981, en la Colonia Azucena, se encontraba una camioneta blanca, su dueño Vicente Sotelo Alardi. Aquella camioneta tenía que ser revivida de la calle pero no podía ser llevada a un lugar no muy lejano debido a su alta radiactividad y a la radiación que estarían sometidos los responsables de hacer este traslado.

Con la ayuda de una grúa, aquella camioneta fue trasladad hasta el parque el Chamizal, en las afueras de la ciudad. Las calles eran tapadas a su paso y varias patrullas escoltaban este procedimiento. La camioneta fue cercada por 4 paredes de metal y letreros advirtiendo el peligro, “peligro material altamente radioactivo”.

Las investigaciones determinaros que el punto crucial fue cuando Vicente se encontró con una máquina de radioterapias equipada con un dispositivo de cobalto 60, la cual desgraciadamente perforó. 6000 balines de un milímetro de alto era el contenido que fue esparcido.

La camioneta iba dejando esta radiación por toda la ciudad. Y por si no bastara, una vez entregada la máquina desbalijada, y haber recibido 1500 pesos a cambio, en el depósito de chatarra se había fabricado ya bases para mesas y varillas de acero corrugadas útiles en la construcción de edificios.

Consecuencias – Estragos para la salud de las personas

En Texas, Estados Unidos, como se esperaba, comenzaron a aparecer las primeras víctimas. Al menos unas 23 personas que trabajaban en la planta recuperadora de Yonke Fénix. Sufrieron leucopenia, que es un nivel bajo de glóbulos blancos. Estos glóbulos ayudan al cuerpo a combatir infecciones y otras enfermedades.

Vicente salió extrañamente ileso después de tomar directamente en sus manos aquel cilindro. Pero su amigo Ricardo no tuvo la misma suerte, ya que también cargo el cilindro con la mano expuesta, pero a inicios de febrero se le detectó una cicatriz en la mano derecha. Esta misma se convirtió después en una ampolla y al año comenzó a tener necrosis. Finalmente se le practicó un injerto de su misma piel que fue extraída de su pecho.

Las autoridades le hicieron seguimientos continuos a 10 casos de personas que tuvieron en contacto con la contaminación. De allí concluyeron que no existían daños cerebrales a largo o de corto plazo, pero que no se podía descartar futuros problemas biológicos.

Chernobyl mexicano – Cobalto 60 desarmado y dispersado

El gobierno comenzó a ocultar información minimizando los estragos que estaban sucediendo, se ocultaba información a la prensa. La noticia decía que todo estaba controlado; lo único que salió a la luz pública es que 4000 personas fueron expuestas a la radiación, de las cuales 80 recibieron altas dosis que ocasionaron depresión inmunológica. Pero la realidad es que el problema era más grande de lo que se creía.

La Comisión Nacional de Seguridad Nuclear solicitó urgentemente un listado de compradores de varillas por cada entidad, pero se sabía que esto era casi imposible por no decirlo imposible totalmente. Ya que, no todas las ferreterías expendían notas de revisión o facturas; la realidad era que ya con las toneladas que se habían repartido de material radioactivo para la construcción alcanzaba para al menos 17,600 construcciones.

Construcciones con vigas contaminadas

Era muy difícil identificar construcciones de edificios y casas las cuales percibían niveles de radiación por encima de niveles seguros para la salud. Se vieron afectadas con las varillas de construcción los estados de Sonora, Sinaloa, Baja California Norte, Baja California Sur, Coahuila, Nuevo León, San Luis Potosí, Guanajuato, Jalisco, Zacatecas, Tamaulipas, Querétaro, Durango, Hidalgo y Estado de México.

814 construcciones fueron seleccionadas y todas ellas fueron demolidas total o parcialmente, pero todavía quedaría un problema: ¿dónde iba a terminar todo el escombro radioactivo?

Cementerio radiactivo – Chernobyl mexicano por cobalto 60

Al final se buscó un lugar con poca agricultura, poca ganadería, sin erosión y además pocas lluvias. En noviembre de 1984 se optó que aquel lugar era el desierto de Samalayuca al norte de Chihuahua. En este lugar hay grandes cúmulos de arena que sepultan gran cantidad de escombros radioactivos. 103 hectáreas que sirvieron para introducir 36.000 toneladas métricas de desechos radioactivos.

Pero debido a que gran material se habían repartido al resto del país, la logística de recuperación determinó realizar 2 rellenos adicionales uno en Mexicali y otro en Maquixco estado México, el primero consta de 70 toneladas de varilla y el segundo con 110.

Se sabe que, hasta la fecha, aún quedan construcciones con varillas con alta radiactividad. Los datos arrojan que entre 60 y 90 toneladas de varillas aún quedan dispersas en el país, el equivalente a 110 construcciones, donde según informes de la comisión de seguridad nuclear, entre 5 y 16 casa o edificios con seguridad presentan niveles de radiación más altos que lo permitido.

Se sospecha que las varillas restantes están perdidas por lo menos en 15 estados de México.

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